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El Circo Electoral

¿Soberanía? La izquierda Española opera con Mendieta para imponer a Andrea Chávez en Chihuahua


Morena grita soberanía cuando le conviene, pero guarda silencio cuando degenerados como Abraham Mendieta, extranjero y propagandista de la 4T, interviene abiertamente en la política nacional, hoy enfocado en la política chihuahuense para atacar al gobierno estatal y presentar a Andrea Chávez como “alternativa” rumbo a 2027.

Chihuahua no es tierra de agachones.

Aquí la gente sabe trabajar, sabe resistir, sabe desconfiar del poder y sabe distinguir cuando alguien viene a hablar derecho o cuando viene a vender humo.

Por eso resulta ofensivo que ahora un español avecindado en la Ciudad de México pretenda venir a decirle a los chihuahuenses quién debe gobernarlos, qué deben pensar, quién es el enemigo y cuál es la supuesta “alternativa” para el estado.

Se llama Abraham Mendieta.

Español. Propagandista del obradorismo. Operador de discurso. Vocero informal de Morena. Soldado narrativo de la Cuarta Transformación.

Y ahora, abiertamente, promotor político de Andrea Chávez en Chihuahua.

Porque no, Mendieta no vino a analizar Chihuahua.

Mendieta vino a operar Chihuahua.

El asunto no es menor. Morena se llena la boca hablando de soberanía, patria, pueblo y no intervención extranjera. Acusa conspiraciones internacionales cada vez que alguien de fuera critica al obradorismo. Se envuelve en la bandera nacional cuando le conviene victimizarse.

Pero cuando el extranjero viene a hacerle propaganda a Morena, entonces ya no hay intervención.

Entonces ya no hay soberanía.

Entonces ya no hay Constitución.

Entonces ya no hay patria.

Ahora es “compañero”.

Ahora es “analista”.

Ahora es “voz crítica”.

La hipocresía del bienestar, tan corrosiva como siempre.

Para Morena, un extranjero estorba cuando critica al poder, pero se vuelve patriota cuando le hace el trabajo sucio.

Abraham Mendieta no es cualquier comentarista. Es un personaje formado en el ecosistema político español de Podemos, esa izquierda de laboratorio que convirtió la política en pleito moral, la propaganda en causa social y la victimización en estrategia permanente.

Ese manual cruzó el Atlántico y encontró casa en Morena.

Desde entonces, Mendieta se ha movido como analista, comentarista, asesor, simpatizante y defensor digital de la 4T. Pero su función real es mucho más simple:

INSTALAR NARRATIVA.

No informa: orienta.

No debate: descalifica.

No analiza: empuja.

No convence: activa tribus.

Por eso es tan útil para Morena.

Cuando la 4T necesita convertir una crítica en “golpeteo”, una denuncia en “campaña de la derecha”, una exigencia de transparencia en “odio” o una operación electoral en “causa popular”, ahí aparece el manual.

Y en Chihuahua, ese manual ya tiene destinataria:

Andrea Chávez.

En su video más reciente, Mendieta lanzó una ofensiva contra el Gobierno de Chihuahua. Acusó que el PAN nacional se financia con dinero público de los chihuahuenses. Habló de consultores, medios, contratos millonarios, granjas de bots, ataques contra la presidenta Claudia Sheinbaum y hasta presentó a Chihuahua como un asunto de “seguridad nacional”.

El discurso siguió la receta clásica de Morena:

Primero, criminalizar al adversario.

Después, convertir una elección local en pleito nacional.

Luego, presentar a la 4T como salvación moral.

Finalmente, vender a su figura política como única salida.

Y entonces soltó la frase que terminó de desnudar toda la operación:

“Hay una alternativa política para acabar con el marudartismo y es lo que representa Andrea Chávez en Chihuahua.”

Ahí se acabó el cuento.

Eso ya no es análisis.

Eso ya no es opinión.

Eso ya no es comentario político.

Eso es intervención política abierta de un extranjero en los asuntos de Chihuahua.

Mendieta no se limitó a criticar al gobierno estatal.

No se limitó a cuestionar contratos.

No se limitó a opinar sobre el uso del presupuesto.

Mendieta promovió una alternativa política concreta.

Y esa alternativa tiene nombre y apellido:

Andrea Chávez.

El Artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que los extranjeros no pueden inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

Y aquí no estamos hablando de turismo, cultura, gastronomía o academia.

Estamos hablando de sucesión política.

Estamos hablando de Chihuahua.

Estamos hablando de 2027.

Estamos hablando de una figura de Morena promovida como “alternativa” por un extranjero que actúa como operador.

Eso se llama inmiscuirse.

Con todas sus letras.

La relación entre Abraham Mendieta y Andrea Chávez tampoco es un dato menor en términos políticos. Durante años se les vinculó públicamente como una pareja sentimental. Más allá de la vida privada de cada quien —que no es el centro del debate—, lo relevante es la cercanía personal, política y narrativa entre ambos.

Porque Mendieta no solo diseñó a Andrea.

La ha blindado.

La ha promovido.

La ha encuadrado.

La ha presentado como joven, mujer, víctima, perseguida, valiente, rebelde y alternativa inevitable.

Ese es el truco.

No se construye una candidata.

Se fabrica un producto emocional.

Y cuando alguien cuestiona el producto, activan los escudos de siempre: misoginia, homofobia, clasismo, conservadurismo, derecha, odio.

No.

Aquí nadie está atacando identidades.

Aquí se está señalando una operación política.

El punto no es la vida privada de Mendieta. El punto no es su orientación sexual. El punto no es con quién se relacionó Andrea.

El punto es cómo una cercanía personal y política termina convertida en maquinaria de promoción, defensa y blindaje para una candidatura que Morena quiere venderle a Chihuahua como si hubiera nacido desde abajo.

Pero no nació desde abajo.

Andrea Chávez no es una candidatura orgánica.

Es una construcción fabricada desde arriba.

Desde la cúpula.

Desde los padrinazgos.

Desde las redes.

Desde los afectos útiles.

Desde los operadores.

Desde la narrativa.

Desde la maquinaria.

Después vino otro movimiento narrativo: el embarazo de Andrea Chávez.

Un asunto que, en principio, pertenece a la vida privada, fue absorbido rápidamente por la maquinaria política como parte del relato público.

La imagen de “madre joven, valiente y perseguida” se integró al personaje.

La crítica política empezó a ser presentada como ataque personal.

Los cuestionamientos sobre campaña anticipada, espectaculares, bardas, giras, padrinazgos, redes y promoción nacional fueron desplazados por una narrativa emocional.

Ese es el reencuadre.

Mover la conversación del expediente político hacia el terreno sentimental.

Convertir la fiscalización en agresión.

Convertir la crítica en violencia.

Convertir a la aspirante en víctima.

Y en ese tablero, Mendieta vuelve a aparecer como lo que es:

un operador de relato.

Lo más ofensivo del video de Mendieta no es solo el tono. Es la pretensión.

Habla de Chihuahua como si entendiera Chihuahua.

Pero no habla de la sequía con profundidad.

No habla de la frontera con seriedad.

No habla de la sierra.

No habla de las comunidades desplazadas.

No habla de la violencia que se vive en Juárez.

No habla del agua.

No habla del campo.

No habla de la industria.

No habla del costo real de vivir en un estado que carga problemas históricos, geográficos, económicos y de seguridad que no se resuelven con discursos importados de la izquierda española.

Mendieta no vino a escuchar a los chihuahuenses.

Vino a usar sus dolores como combustible electoral.

Habló de salud, discapacidad, presupuesto y medios, pero no para abrir una discusión honesta ni para exigir auditorías parejas a todos los gobiernos.

No.

Usó esos temas como escalera para subir a Andrea Chávez.

Porque todo el discurso conduce a lo mismo:

Maru es el problema.

El PAN es amenaza nacional.

Chihuahua debe ser rescatado.

Andrea es la alternativa.

Manual barato.

Manual viejo.

Manual peligroso.

Manual de Morena.

Si a Mendieta de verdad le preocupara el uso del presupuesto, tendría que hablar también de los espectaculares, bardas, giras, eventos, equipos digitales, estructuras de promoción y campañas anticipadas que han empujado artificialmente a Andrea Chávez desde hace meses.

Si de verdad le preocupara la soberanía popular, tendría que respetar que Chihuahua no necesita que un español venga a decirle cuál es su alternativa política.

Si de verdad le preocupara la democracia, no estaría operando como soldado narrativo de un proyecto de poder.

Pero no le preocupa.

Porque Mendieta no actúa como demócrata de la conversación pública.

Actúa como propagandista del poder.

Esa es la hipocresía mayor de Morena: habla de soberanía, pero tolera intervención extranjera cuando le conviene; habla de pueblo, pero fabrica candidaturas desde arriba; habla de democracia, pero usa operadores de narrativa para disciplinar la conversación pública.

Chihuahua no es botín.

Chihuahua no es laboratorio de propaganda.

Chihuahua no es territorio disponible para que operadores extranjeros vengan a imponer relatos prefabricados.

Chihuahua tiene memoria.

Chihuahua tiene carácter.

Chihuahua sabe distinguir entre liderazgo real y producto de marketing.

Y esto es lo que Abraham Mendieta confrima:

No es comentarista.

No es analista.

No es observador.

Es operador.

Y en Chihuahua ya opera abiertamente para Andrea Chávez.

Morena podrá disfrazarlo como quiera, pero la jugada está a la vista:

Un extranjero interviniendo en política local.

Un propagandista promoviendo una candidatura.

Una causa social convertida en munición electoral.

Una figura de Morena presentada como salvación.

Una nueva hipocresía de la 4T.

Porque Mendieta no vino a defender Chihuahua.

Vino a venderle a Andrea.

No vino a informar.

Vino a operar.

No vino a escuchar al pueblo.

Vino a decirle al pueblo qué debe pensar.

Que se vaya a vender propaganda a otra parte.

En Chihuahua no necesitamos que un español nos explique quién debe gobernarnos.

Y mucho menos que Morena nos quiera vender como “alternativa” a una candidata fabricada desde el laboratorio nacional de la 4T.

Abraham Mendieta no está opinando sobre Chihuahua.

Abraham Mendieta está metiendo las manos en Chihuahua.

Eso, prende todas las alarmas.

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