Se Tenía que Decir
La presidentA más “feministA” protege a un Acosador sexuAl
Discurso de cartón: Sheinbaum y Citlalli cobijan a un acosador en el Senado
La retórica feminista de la llamada “Cuarta Transformación” se ha topado, una vez más, con el muro de la impunidad y el cálculo político. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum adorna sus discursos con promesas de protección a las mujeres y Citlalli Hernández —hoy funcionaria federal— abandera la causa de la igualdad de género en los templetes, en los hechos ambas operan como los escudos más eficientes de Enrique Inzunza Cázarez, un legislador con acusaciones penales de acoso sexual.
La contradicción no es menor, raya en el descaro. La impunidad de la que goza el senador sinaloense evidencia que, para la cúpula en el poder, el sufrimiento y la dignidad de las mujeres son negociables si el agresor viste los colores del partido oficialista.
El doble rasero del poder: Proteger al aliado, silenciar a la víctima
Enrique Inzunza Cázarez llegó al Senado blindado por las siglas de Morena. Sobre sus hombros pesa una denuncia formal interpuesta en 2018 por la jueza Ana Karina Aragón Cutiño, quien detalló haber recibido videos de índole sexual explícita sin su consentimiento y juguetes sexuales en su domicilio. Peor aún, la víctima ha denunciado públicamente que el supuesto “perdón legal” que extinguió la acción penal en Sinaloa le fue arrancado bajo amenazas de muerte y presiones políticas en un estado donde el aparato judicial operaba subordinado al hoy legislador.
Ante esta alarmante realidad, la respuesta de Claudia Sheinbaum y de Citlalli Hernández ha sido el silencio cómplice y la defensa de las estructuras de poder.
- Claudia Sheinbaum: La mandataria que prometió gobernar con perspectiva de género y acuñó la frase “llegamos todas”, ha preferido desviar la mirada. Permitir que perfiles con este historial ocupen curules prioritarias para el Ejecutivo demuestra que la justicia para las mujeres se subordina a la disciplina partidista.
- Citlalli Hernández: Quien fuera secretaria general de Morena y activa promotora de la agenda de mujeres, ha guardado una bandera que antes alzaba con vehemencia. Al callar ante los señalamientos de la víctima y convalidar la candidatura —y hoy escaño— de Inzunza, Hernández despoja de toda autoridad moral el discurso oficial.
Una burla a las leyes de género
Resulta indignante que el mismo partido que presume legislaciones avanzadas en favor de los derechos de las mujeres, solape activamente la violación de esos principios dentro de su bancada. El caso de Inzunza Cázarez no es un evento aislado; representa un patrón de encubrimiento donde la lealtad política cotiza más alto que la seguridad de las ciudadanas.
Los colectivos feministas y la opinión pública no olvidan. Las pancartas de “un acosador no puede ser senador” que incomodaron al partido en campaña son hoy un recordatorio permanente de la poca vergüenza institucional. El discurso de protección a la mujer de Sheinbaum y Hernández se desmorona por su propio peso: es imposible gobernar para las mujeres mientras se comparte el pan y el poder con sus presuntos agresores.
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