Morena vs. Morena
La hipocresía y mordaza con pañuelo morado: después del 8M, Citlalli presume “protección” en redes, pero calla cuando linchan a Lilia Aguilar

El 8M ya pasó. Ya vimos el pañuelo, el discurso y la pose institucional.
Aun así, cuando una mujer aliada incomodó al bloque oficialista, no hubo sororidad ni debate: hubo linchamiento digital… y del otro lado, silencio.
La diputada Lilia Aguilar (PT) se plantó en entrevista con José Cárdenas: el PT no apoyará un “retroceso democrático” y la reforma electoral “nadie la pidió”.
A partir de ahí se activó el método real del oficialismo: etiqueta, burla, ataque personal y golpe bajo.
Y mientras eso ocurría, Citlalli Hernández —la funcionaria que encabeza la cruzada “anti violencia digital”— aparecía celebrando un acuerdo con plataformas para “proteger a las mujeres” en internet.
El contraste es brutal precisamente porque ya pasó el 8M:
el discurso ya se usó… y la realidad volvió a imponerse.
Lilia se avienta un “Morena vs Morena” desde adentro
Lilia no habló como oposición. Habló como aliada que se topó con el límite de la 4T: intolerancia interna, pleitos por puestos y desviación del discurso moral. En su propio video lo resume como una advertencia: el movimiento puede caer por lo que trae adentro.
No hubo debate: hubo jauría
Después de su postura, el encuadre en redes se volvió plantilla: “traidora”, “vendida”, “enemiga”, “ya es oposición”. La intención no fue refutar ideas: fue deslegitimarla.
El golpe bajo: “comunista millonaria”
A la etiqueta política le siguió el ataque de “coherencia moral”: el encuadre de “comunista millonaria”, usando su declaración patrimonial como munición para aplastarla en la conversación pública, no para discutir el fondo.
Citlalli: “protección” para el discurso, silencio para la mujer incómoda
Aquí está la contradicción con nombre y apellido.
El Gobierno anunció un acuerdo con Meta, Google y TikTok para combatir la violencia digital contra mujeres; Citlalli lo calificó como “pionero” y Sheinbaum lo defendió como colaboración “voluntaria”.
El problema no es atender delitos reales. El problema es el doble rasero:
cuando una mujer aliada es linchada por disentir, la protección desaparece.
Eso no es sororidad. Es administración de narrativa.
La coartada perfecta: “violencia digital” como arquitectura de control
INEGI confirma que el fenómeno existe: en 2024 se registraron 18.9 millones de víctimas de ciberacoso (21% de usuarios de 12+).
Con ese dato, cualquier gobierno puede justificar acciones.
Pero cuando el mismo régimen tolera el linchamiento contra una mujer aliada, la pregunta se vuelve inevitable: ¿proteger mujeres o controlar la conversación?
Para llevar…
- Lilia Aguilar dijo “no apoyaremos un retroceso democrático” y “nadie pidió esa reforma”.
- Tras su postura, se empujó una narrativa de linchamiento (“traidora”) y golpe bajo (“comunista millonaria”) para deslegitimarla.
- Citlalli celebró acuerdos “anti violencia digital”, pero ante el linchamiento a una mujer aliada, silencio.
- INEGI confirma que el ciberacoso es real, pero el caso Lilia muestra el riesgo político: protección selectiva y control narrativo.
- Con el 8M ya pasado, la conclusión es más cruda: Sororidad 0, Voracidad 100.