Se Tenía que Decir

Emboscada en López Mateos exhibe a la Policía Municipal y deja a Cruz contra la pared

La emboscada contra policías estatales en la avenida Adolfo López Mateos, que dejó un agente muerto y otros lesionados, volvió a desnudar una verdad incómoda en Ciudad Juárez: la Policía Municipal aparece cuando todo ya está perdido. Llega tarde, observa la escena y se retira, como si la violencia no fuera también su responsabilidad.

En esta ocasión, el director de Seguridad Pública Municipal, César Omar Muñoz, acudió al lugar del ataque. Pero su presencia no tranquilizó a nadie. Por el contrario, avivó las sospechas de una ciudadanía acostumbrada a ver a su policía municipal ausente en los momentos clave.

Antecedentes que pesan

El ataque no es un hecho aislado. En Ciudad Juárez existen antecedentes documentados que han erosionado la credibilidad de la Policía Municipal:

  • Municipales escoltando a criminales
  • Armas resguardadas en domicilios vinculados a elementos
  • Narcomenudeo tolerado y delitos menores ignorados
  • El caso de “Delta 1”, integrante del grupo criminal conocido como La Empresa, ejecutado mientras era escoltado por policías municipales uniformados, sin consecuencias públicas posteriores

Estos antecedentes explican por qué, cada vez que ocurre un ataque de alto impacto, nadie espera resultados de la Policía Municipal.

No es casualidad que las instancias federales y estatales prefieran operar sin la Policía Municipal de Juárez. La desconfianza no se decreta: se construye a partir de hechos.

La Policía Estatal saca la casta

El agente estatal Édgar David Quezada Villa, adscrito a labores de investigación, perdió la vida tras el ataque. Posteriormente, la Policía Estatal desplegó un operativo que derivó en la detención de siete personas, así como en el aseguramiento de vehículos y armamento relacionados con los hechos.

¿La Policía Municipal? Observadores. Para muchos ciudadanos, mirones… o halcones.

La advertencia criminal

Horas después del ataque, durante la madrugada, apareció una narcomanta en el Barrio La Chaveña, colocada en la malla de una escuela pública, con un mensaje explícito que hacía referencia directa a lo ocurrido en López Mateos y amenazaba con repetir ataques contra quienes no se alinearan con el grupo criminal.

El mensaje no solo fue una amenaza: fue una demostración de control territorial, colocada sin que nadie lo impidiera.

El mensaje fue directo y amenazante:

“Lo que les pasó a los estatales de la López Mateos les va a pasar a todos los que no se alineen con La Empresa”,
firmado con los alias “Nomo” y “300”.

El narcoalcalde y la falsa “coordinación”

Aquí es donde el golpe político alcanza al alcalde Cruz Pérez Cuéllar.

Cruz exige “coordinación”, pide a federales que eviten retenes, y defiende a una Policía Municipal rechazada por la Federación y el Estado. No porque no quieran coordinarse, sino porque no confían.

Esa es la contradicción central de su gobierno:
habla de seguridad, pero protege una corporación señalada por omisiones, mientras los resultados reales los entregan otros.

En Ciudad Juárez, ningún criminal se mueve sin sentirse protegido.
Mientras el narcoalcalde siga administrando la desconfianza en lugar de enfrentarla, la violencia no solo continuará: se intensificará.

La tragedia no es solo la emboscada.
La tragedia es un gobierno municipal rebasado, con un alcalde cada vez más señalado como narcoalcalde por omisión, incapaz —o renuente— a limpiar su propia casa.

Interesante

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