El Circo Electoral
El racismo y clasismo de Andrea Chávez y Natalia Suárez

En una democracia que aspira a la madurez, el discurso político debe ser el puente que una a las sociedades, no el muro que las divida. Sin embargo, las recientes declaraciones de dos figuras prominentes de Morena, la senadora Andrea Chávez y la funcionaria Natalia Suárez Leal, han encendido las alarmas al recurrir a una retórica cargada de prejuicios, estereotipos y un racismo que, bajo cualquier disfraz, resulta inaceptable.
El desprecio por el origen: El caso de Andrea Chávez
La aspirante a la gubernatura de Chihuahua, Andrea Chávez, ha caído en una contradicción ética profunda. Al utilizar el término “chihuahuitas” de forma despectiva para referirse a los ciudadanos de la capital del estado que pretende gobernar, no solo muestra una desconexión con la realidad social, sino una falta de respeto hacia la identidad de sus representados.
Más grave aún es su afirmación de que necesita ser “más güera” para ser aceptada. Este comentario no es una simple queja estética; es la validación de un prejuicio racial que busca victimizar a la clase política frente a la ciudadanía. Condenar a un sector de la población basándose en el color de piel o el origen geográfico es una práctica discriminatoria que no tiene lugar en quien aspira al máximo cargo estatal.
El colorismo como bandera: Natalia Suárez Leal
Por su parte, la delegada en Puebla, Natalia Suárez Leal, ha optado por un camino igualmente divisivo. Al declarar que “en Morena no hay güeros” y autoproclamarse una “disrupción” por su apariencia física, Suárez Leal fomenta un racismo a la inversa que es tan dañino como el tradicional.
Encajonar a los militantes de un movimiento social bajo un solo tono de piel es, en sí mismo, un acto de exclusión. La política debe juzgarse por los resultados, la ética y las propuestas, no por la pigmentación de la piel o por etiquetas que solo buscan polarizar a la base electoral.
Un llamado a la coherencia
El racismo y la discriminación son venenos para la cohesión social. Que estos comentarios provengan de mujeres con poder y plataformas de gran alcance es doblemente preocupante. No se puede hablar de “transformación” mientras se utilizan prejuicios raciales para descalificar a oponentes o para construir narrativas de victimismo.
La ciudadanía mexicana, diversa y multicultural, merece representantes que vean más allá de los rasgos físicos. Condenamos enérgicamente cualquier intento de utilizar el color de piel o el regionalismo como armas políticas. Chihuahua, Puebla y todo México exigen una política de altura, libre de estigmas y fundamentada en el respeto absoluto a la dignidad humana.
Basta de dividir por el color; es momento de construir por el bienestar.