El Circo Electoral
Delicias le gritó NO a Cruz Pérez Cuéllar: repudio a morena y sus trampas

La escena que Cruz Pérez Cuéllar intentó vender como “éxito” en Delicias fue, en realidad, una radiografía brutal del desgaste de su proyecto político. Mientras adentro de la Macroplaza se repartían regalos, pizza y sonrisas para la foto, afuera el campo hablaba con dignidad, producto en mano y un mensaje imposible de maquillar: “No somos delincuentes ni marihuanos”.
Ese contraste —posada contra protesta, propaganda contra producción— define hoy al alcalde de Ciudad Juárez. Un político que ya no gobierna: hace campaña, y que pretende hacerlo usando recursos públicos, eventos “sociales” y una narrativa de victimización cada vez más gastada.
Una posada no tapa una crisis
Cruz presume 3 mil 500 asistentes.
Los agricultores exhiben algo más profundo: rechazo social organizado.
Productores del centro-sur del estado llegaron con tractores, lonas y bolsas transparentes llenas de chile, cebolla y tomate. No fueron a romper nada. Fueron a recordar que sin campo no hay comida, ni economía, ni futuro. El mensaje fue directo y contundente:
“No somos delincuentes ni marihuanos, Queremos seguir produciendo, dar trabajo y poner comida en tu mesa.
Fuera el partido que ha hecho tanto daño a la agricultura, a la salud y a la economía.
Fuera Morena.”
No es un eslogan. Es una advertencia.
El relato de Cruz: minimizar, culpar y burlarse
La respuesta del alcalde fronterizo fue la de siempre:
minimizar la protesta, culpar a terceros y rematar con burla.
Dijo que había “más tractores que personas”.
Aseguró que todo fue “financiado” por el alcalde de Delicias.
Y remató con una frase que retrata su desconexión con la realidad:
“Se la Pérez Cuéllar.”
Bromear mientras un sector productivo denuncia asfixia económica, incertidumbre hídrica y abandono institucional no es liderazgo. Es soberbia.
Campaña anticipada con disfraz navideño
En Delicias no son ingenuos.
En Chihuahua, tampoco.
Lo ocurrido no fue un evento aislado, sino parte de una ruta perfectamente documentada: giras de fin de semana, posadas “ciudadanas”, entrega de regalos, discurso emocional y cero rendición de cuentas claras. Todo con un objetivo: posicionarse rumbo a 2027.
El problema no es convivir con la gente.
El problema es usar el cargo para hacer proselitismo mientras Ciudad Juárez se cae a pedazos.
Modernidad ficticia, ruinas reales
Cruz habla de futuro, de tecnología, de “ciudades inteligentes”.
Pero Juárez vive otra cosa:
- Calles destruidas y baches criminales.
- Carriles sin pintar y vialidades sin nombre.
- Alcantarillas abiertas.
- Parques abandonados como El Chamizal, con árboles secos y áreas en franco deterioro.
No se puede vender modernidad sobre ruinas.
Y Delicias lo entendió mejor que nadie.
El campo como límite
La protesta agrícola no fue contra una posada.
Fue contra una forma de hacer política.
Los productores no pidieron regalos.
Pidieron agua, reglas claras y respeto.
Y cuando Cruz intentó convertir el conflicto en pleito partidista, quedó claro el fondo del asunto: Morena ya no es vista como solución en el campo; es vista como amenaza.
La escena que queda
Adentro: música, selfies, aplausos forzados.
Afuera: productos del campo, consignas claras y dignidad.
Ese es el resumen del fin de semana.
Cruz Pérez Cuéllar podrá seguir contando asistentes.
Pero el campo ya le está contando los días.
Porque cuando los agricultores dejan de pedir y empiezan a señalar,
la campaña ya no es anticipada:
es desesperada.
Delicias fue espejo: lo que Juárez empieza a entender
Delicias no fue un caso aislado.
Fue un aviso.
Delicias le dijo a Cruz lo que Juárez empieza a murmurar:
que los regalos no tapan el abandono,
que las selfies no sustituyen el trabajo,
y que el pueblo no es tonto.
Cuando el campo se organiza, cuando la protesta es pacífica pero firme, y cuando el mensaje es “fuera”, no hay posada que alcance.
Cruz Pérez Cuéllar puede seguir contando asistentes.
Pero la realidad ya empezó a contarle los errores.
Aquí no hubo boicot.
Hubo dignidad.
Y eso, por más que le moleste,
no se la Pérez Cuéllar.